martes, 18 de julio de 2017
domingo, 2 de julio de 2017
se cultiva, se cosecha
Algo debo haber hecho bien.- Era chica cuando descubrí cuáles eran mis deseos más puros. Me decían que pida tres antes de soplar las velas en mis cumpleaños, o podía pedir uno si veía una estrella fugaz. De vez en cuando se presentaba la oportunidad de pedir otro.
Sin haberlo planeado, empecé a repetir los mismos tres deseos: paz, amor, y armonía. Siempre, casi como un mantra, como si estuviera rezando. Solo esas tres palabras, sin más detalle y sin explicación. No me importaba ni cómo, ni dónde, ni con quién, ni por qué.
Estuve muy confundida en algún momento, desorientada se podría decir. Me sentía incómoda en mi propia mente porque pensaba demasiado y sentía aún más. Creía que tenía problemas más grandes que mi mundo. Mucho más maduros que yo. Enormes.
Debo haber pedido esos mismos tres deseos cientos de veces. Incluso, a los dieciocho años, me tatué la versión gráfica de esa idea. Una noche hice mi propio diseño del concepto, en la computadora, y al día siguiente pasó ahí, a papel, y a mi piel.
Diez años después, a pesar de todos los problemas que pueda crear mi cerebro, estoy rodeada de un amor indescriptible, triplicado, y tengo paz en mi propio espacio. Me siento estable, equilibrada. Y lo que antes me perturbaba ahora es positivo por lo que me enseñó.
Hoy sé que soy afortunada de estar dónde estoy, literal y metafóricamente. Me siento agradecida y reconozco el valor que tiene éste momento, porque viví lo demás. Porque aprendí de mis defectos y debilidades, y me hice más fuerte. Me alimenté de amor, y me hice inmortal.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



