miércoles, 11 de octubre de 2017
lunes, 9 de octubre de 2017
martes, 5 de septiembre de 2017
domingo, 3 de septiembre de 2017
martes, 29 de agosto de 2017
todos contra todos
Pocos comprenden a los empáticos. Pocos tienen esa consideración. Duele vivir en éste planeta de los simios dónde todos tienen ojos pero sólo algunos saben ver. Mientras tanto, los cínicos se divierten, los indiferentes se relajan, los empresarios compran y venden. El mundo gira, el dinero reina, los intelectuales invierten, gastan, y diagraman estrategias. El poderoso pisa a los humildes como si fueran escalones, y el amor verdadero está en peligro de extinción porque la mayoría de las personas lo mezcla con la posesión. Algo extremadamente contradictorio, pienso yo.
En una Tierra donde ser sensible se considera un defecto, una debilidad, y ser ambicioso, una virtud; las prioridades varían según la población y su educación. El consejo popular te lleva a ser protagonista, a ubicar tu ego sobre el de los demás. A ser frío y calculador, profesional. La competencia es moneda corriente, un idioma universal. Y para ser el mejor debés exponer a otros, a quienes denominás: los peores. Así llegás a la cima, así sos exitoso. Ahora podés ser el más limpio de los sucios. El más rico de los pobres. Mientras tanto, el inseguro limita a su amado, el presidente baila cumbia en las noticias internacionales, el calentamiento global elimina al invierno, y los misiles sobrevuelan sobre las cabezas de los civiles.
jueves, 3 de agosto de 2017
soy el recuerdo de otro
Apagó el cigarrillo, y me dijo:
Solo soy un recuerdo en tu memoria. Nada más, vivo en tu imaginación. No podés mirarme a los ojos, pero sí verme con tus ojos cerrados. Suena contradictorio ya lo sé. La realidad también es así de bipolar. No existiría si no pensaras en mí. Nadie más sabe lo que sucede tras tus párpados cerrados. Soy como un secreto que nunca se contó. Tampoco debería ser contado. No estoy cuando me ves, pero estoy cuando no me ves.
martes, 18 de julio de 2017
domingo, 2 de julio de 2017
se cultiva, se cosecha
Algo debo haber hecho bien.- Era chica cuando descubrí cuáles eran mis deseos más puros. Me decían que pida tres antes de soplar las velas en mis cumpleaños, o podía pedir uno si veía una estrella fugaz. De vez en cuando se presentaba la oportunidad de pedir otro.
Sin haberlo planeado, empecé a repetir los mismos tres deseos: paz, amor, y armonía. Siempre, casi como un mantra, como si estuviera rezando. Solo esas tres palabras, sin más detalle y sin explicación. No me importaba ni cómo, ni dónde, ni con quién, ni por qué.
Estuve muy confundida en algún momento, desorientada se podría decir. Me sentía incómoda en mi propia mente porque pensaba demasiado y sentía aún más. Creía que tenía problemas más grandes que mi mundo. Mucho más maduros que yo. Enormes.
Debo haber pedido esos mismos tres deseos cientos de veces. Incluso, a los dieciocho años, me tatué la versión gráfica de esa idea. Una noche hice mi propio diseño del concepto, en la computadora, y al día siguiente pasó ahí, a papel, y a mi piel.
Diez años después, a pesar de todos los problemas que pueda crear mi cerebro, estoy rodeada de un amor indescriptible, triplicado, y tengo paz en mi propio espacio. Me siento estable, equilibrada. Y lo que antes me perturbaba ahora es positivo por lo que me enseñó.
Hoy sé que soy afortunada de estar dónde estoy, literal y metafóricamente. Me siento agradecida y reconozco el valor que tiene éste momento, porque viví lo demás. Porque aprendí de mis defectos y debilidades, y me hice más fuerte. Me alimenté de amor, y me hice inmortal.
jueves, 29 de junio de 2017
oídos sordos palabras mudas
Si te hablo en silencio y nunca me escuchás, te veo cuando no estás cerca, te toco pero no lo sentís; pero estoy despierta y sobria ¿Sos real? Me pregunto si alguna vez lo fuiste, o si yo te imaginé. Tal vez es por eso que no respondés, o quizás no te interesa lo que pienso. Lo que grito sin voz. Envío mensajes sin receptor y rebotan, siempre vuelven a mí.
Con la fantasía involucrada la realidad pierde potencia, la lógica pierde el equilibrio. Y por un momento todo es posible. Así como suenan mis palabras debajo del agua, se entiende lo que es, pero no qué significa. Así como vivo dos vidas mientras duermo, en mundos paralelos y al simultáneo. Así se percibe lo que te cuento sin que te enteres que está pasando.
Es anormal la situación, lo admito, me hago cargo; porque nunca supe responder si el árbol que cae en el medio del bosque sin que nadie lo escuche, hace ruido o no.
miércoles 28/06, 00:27 am.-
viernes, 23 de junio de 2017
el impacto producido
Voy a ayudarte aunque nunca hagas lo mismo por mí, y voy a tratarte con respeto aunque no lo ganaste. Voy a callar mil pensamientos para no ofenderte y voy a respirar profundo para mantener mi cordura. No pretendo perjudicarte, tampoco deseo venganza. En pocas palabras: no soy una amenaza. Elijo ser parte de la oposición emocional, prefiero ser un escudo. Así como filtro lo que digo debo filtrar lo que escucho. Porque no todos son conscientes de los sentimientos demás, de la percepción de uno mismo en el otro. Y la gente buena suele justificar al errado aunque tal vez no lo merezca. El mundo cambia rotundamente dependiendo de cómo lo veas, de adentro hacia afuera o de afuera hacia adentro. En primera persona o en tercera, en cuanto a vos mismo. Hay que considerar que los ojos ajenos son como espejos que ven lo que uno nunca ve. Pero no pueden ver lo que nosotros sabemos ni lo que pensamos, solo lo que hacemos; y la gente escucha nuestra voz. El tono influye, el modo, incluso la expresión facial que usamos para decirlo. Pocos son conscientes, o tal vez a pocos le importa. Pero eso no significa que tenerlo en consideración sea un defecto. Una debilidad. Al contrario, es la evolución. Te recomiendo ser parte de éste movimiento, y mirar tu realidad desde una nueva perspectiva. Tal vez cuando te mirás al espejo no sos tan vos como cuando no te estás mirando.
RG
sábado, 17 de junio de 2017
la chica de las naranjas
Apareció en mi vida por medio del arte. Vino a mi casa a buscar un poco del mío y yo la invité a crear un poco más. A jugar, probar, inventar algo nuevo. Yo no la conocía y no tenía por qué hacerlo, pero la red virtual nos conectó y ahí estaba ella con su cámara y su mirada penetrante. Era joven, bastante, recién empezaba los veinte. No tenía mucha experiencia de vida pero sí curiosidad. Quiso saber todo en un instante, incluso me entrevistó. Recuerdo que había cierta picardía en su mirada, como si supiera algo que yo todavía no.
Reconocí algo en ella que también está en mí. Fue una situación inusual porque no suelo dejar entrar a cualquiera, y no hablo de entrar a mi casa sino de entrar a mi vida. A mi pura realidad sin filtros, ni maquillaje, ni disfraz. De alguna manera ganó mi confianza y la mantuvo viva todo éste tiempo. Más allá de eso, ahora también tiene mi admiración. Es muy talentosa y aún tiene un inmenso potencial por descubrir. Su estilo es cien por ciento original, casi vanguardista, o alucinógeno. Nadie más que ella podría hacerlo como ella lo hace.
En éstos últimos años demostró que es un personaje importante de mi historia. Descubrí que es una persona peculiar; interesante, sensible, inteligente y divertida. Que su mirada abarca una visión única del mundo, casi como la de un niño. Pero con cierta inocencia que intenta disimular. Creció mucho en poco tiempo, soy testigo. Aprendí sobre ella. Es una mujer capaz de mezclar la realidad con la magia, con sus fotos, mucha imaginación, un pincel y algunos colores. Eso me encanta, y disfruto ver el mundo desde su punto de vista.
jueves, 15 de junio de 2017
guerra por paz
La realidad es que existe gente que te desea el mal aunque vos los trates bien. Aunque te dirijas a ellos con respeto y hagas el mayor esfuerzo por mantener la paz. Intentás complacerlos para evitar problemas, y te mantenés lo más alejado posible. Pero cuando éstas personas están en una posición de poder y vos no, la situación se hace más difícil de soportar. El ambiente se pone turbio, denso. Y él, o ella, logra incomodarte cada vez que se acerca. Es como un don que tienen algunos, y un punto débil que tenemos los otros. Es su porte cuando camina, esa superioridad; su expresión facial y el tono de su voz. Se nota que no hay ni un gramo de cariño o afinidad en su trato con uno. Incluso pareciera que no tiene empatía. A veces, ni siquiera respeto. En esos momentos lo peor que podemos hacer es actuar como ellos, por más que nos explote el corazón en el pecho, por más que nos hierva la sangre. Imitarlos no es la manera, y ya sé que suena obvio pero a veces no es tan así. Tan claro. Hay que respirar profundo, y contar hasta mil si es necesario. No podemos ser hipócritas en éstas situaciones porque no se entendería el mensaje. Nosotros somos buenos, ayudamos. No tratamos mal a nadie, casi nunca, y no merecemos ésto tampoco. Seamos mejores, intentemos dar el ejemplo. Porque sino caemos en el círculo vicioso. La mala vibra se puede contagiar, estén atentos; sean fuertes.
martes, 23 de mayo de 2017
rótulo
A veces la gente siente la necesidad de definirnos de alguna manera. Ponernos en un rubro, en un área. Tal vez sea para saber dónde ubicarnos, una simple cuestión de orden. Para elegir en qué categoría archivarnos. Pero no es tan simple como suena, etiquetar a una persona. Cada vez que crees saber quién, o qué es, cambia. Él, ella, o tu punto de vista. Se reemplaza una etiqueta por otra e incluso surgen nuevos términos. Para los híbridos de rubro, que inauguran títulos. Hay algunos que son lo que uno cree, pero también son algo más. O quizás no son ni una cosa ni la otra. O un poco de todo, en definitiva. Por ejemplo: yo puedo afirmar que soy heterosexual, y sentirme ocasionalmente atraída por alguna mujer. O casarme con una mujer pero decir que no soy lesbiana; porque, ocasionalmente, me puede atraer un hombre. Podría decir que soy bisexual y pansexual, sin mentir. Aunque también soy monógama, siendo liberal. Pacifista rebelde, pasiva, inquieta y curiosa. Un cuarto cristiana, un cuarto budista y medio atea. En ese caso, tal vez mi categoría es mi edad y mi origen geográfico. O mi idioma natal, mi sexo. Pero no sé cuánto les diga eso de mí. No sé si me representa como individuo. Me gustaría poder ahorrarles el trabajo de intentar definirme. A mí, y a todos los seres humanos que habitan éste planeta. Más vale que cada uno se defina a sí mismo, cuándo y cómo pueda. Los invito a conocer a las personas en profundidad, sin otro fin. Solo por el placer de poder hacerlo.
Rosario Grasset
miércoles, 3 de mayo de 2017
el león y su presa
Es de noche. Invierno. Una joven entra a la Clínica acompañada por una enfermera. Primero le muestra el comedor, luego el patio. Hay otros tres pacientes fumando su último cigarrillo, y un mazo de cartas españolas en la mesa. Se presentan, e intercambian un par de palabras que hoy en día no tienen importancia. Ella aprovecha para fumar uno antes de ir a su habitación. Hace frío. Al terminar, vuelve a cruzar el patio para encontrarse con la famosa escalera caracol hecha a base de rampas. Una especie de rampa caracol. Todo es gris, con algunos tonos de color pastel en las paredes. En el cuarto piso, pasando una puerta con código de seguridad y una garita de enfermeras, está su habitación. Deja sus cosas en un ropero, y la llaman a cenar. Hay un segundo comedor, más pequeño, con siete u ocho nuevos personajes. La joven, novata, no sabe cómo interactuar en su primer noche. Pero improvisa bastante bien. Le llama la atención una mujer con cara (y actitud) de león. Parece salvaje, indomable, rebelde sin causa. Su energía es intensa, indiscutible. Sus ojos, azul profundo. Después de comer, la chica nueva vuelve a su cuarto. Se acuesta a los pies de su cama, cruzada, horizontal; y deja colgar su cabeza por el borde. Mira todo al revés por un momento. Se abre la puerta y entra su compañera de cuarto. La mujer león. Se sienta en la cama contigua y la mira a los ojos por un segundo. Ninguna se mueve, hasta que el felino se acerca y le da un beso. Sin emitir palabra. Sin razón, y sin testigos.
lunes, 1 de mayo de 2017
martes, 21 de febrero de 2017
semilla mental
Podés aprender mucho de los sabios consagrados si realmente prestás atención. Saber de memoria sus teorías y sus conceptos, si los estudiás. Podés imitar a tus héroes, comprender su visión del mundo y de la vida. Incluso citar sus palabras para defender tu postura en cualquier discusión.
Pero repetir las palabras de los sabios no te hace sabio, copiar no te hace ser. Ellos no lo hicieron, al contrario, fueron originales. Confiaron en su su propia opinión y la compartieron, hasta que el eco de esa idea llegó a tu mente. Y el valor que tiene su verdad depende solo de cuánto la creas.
Ese mismo valor podrían tener tus ideas si confiaras plenamente en tu criterio. Está en los demás elegir si las incorporan, o las dejan pasar.
miércoles, 15 de febrero de 2017
proyecto metamorfosis
Entré a su departamento sin tener idea a dónde estaba entrando. Fue como entrar a otra dimensión. Se sintió el cambio de atmósfera. Me impactó la diferencia, y no era por cuestiones de decoración sino más bien de aire. Admito que me gustó la sensación, me sentí a salvo de los males del mundo. Libre, en un espacio aparte.
Era un lugar luminoso pero tenue, cálido y fresco a la vez. Olía a tabaco, palo santo y perfume para ropa. Cada paso que di ese día, a partir de que me abrió la puerta, resultó ser inolvidable. Me dijo que la siga y me guió, presentándome cada área de su hogar mientras yo la seguía detrás. Asintiendo y sonriendo como un tonto.
Me llevó tan rápido que por un momento perdí el equilibrio. Dudé de mi mismo. Pensé que el aire que estaba respirando me estaba drogando. No entendía. Estaba muy relajado, sin embargo sentía todo muy intensamente. Mucho más de lo habitual. Estaba feliz, pero no sabía el por qué. Recién conocía a esa mujer, de hecho, no recordaba su nombre.
Me agarró la mano, abrió y cerró un par de puertas que vi al pasar, y me llevó a un balcón. Cuando cerró esa última puerta me soltó la mano, me miró a los ojos y sonrió. Yo todavía no había dicho una sola palabra. Había un pequeño parlante en la baranda. Era blanco, con un poco de negro y un poco de azul. Ella lo miró, después a su celular, y empezó a sonar.
No puso música como lo haría una persona normal, puso el sonido de la lluvia mientras nosotros estábamos bajo el sol. Estaba atardeciendo, había un leve viento refrescante y el cielo estaba un poco rosa. Prendió un sahumerio que estaba esperándonos ahí desde antes que lleguemos, y me dijo que respire profundo. Volvió a entrar al departamento.
Estaba un poco frustrado conmigo mismo por no haber hablado, pero miré el reloj y me di cuenta que no habían pasado ni cinco minutos. El tiempo estaba acelerado, pensé. O tal vez era yo, dudé. Seguí su consejo y respiré profundo, tres veces y con los ojos cerrados. Esa parte la improvisé yo. Quería dejar de pensar y empezar a sentir. La situación ameritaba.
Abrí los ojos, después de esa tercera exhalación, y vi las cosas desde un nuevo punto de vista. Me di cuenta dónde estaba parado; y también que lo que estaba viviendo, en ese entonces, era mi presente. Me ubiqué en tiempo y espacio y así conocí la armonía. Por primera vez sentí esa paz de creer que estás dónde debés estar.
Estaba sonriendo cuando ella volvió con dos copas y una botella de vino tinto. Me dio una y sirvió ambas, nos apoyamos en la baranda y suspiramos al mismo tiempo. La vi llevarse la copa a los labios en cámara lenta, noté que olfateó antes del primer trago. Hice lo mismo, y juro que todavía puedo sentir el sabor. Ella se prendó un cigarrillo, me miró, la miré y le dije: hola.
_ Hola.
_ Gracias.
_ ¿Por qué?
_ Por traerme acá.
_ Yo no te traje. Vos viniste.
_ Por invitarme, entonces.
_ No hay de qué. Bienvenido al proyecto.
_ Estaba buscando mi lugar en el mundo.
_ Y nosotros te estábamos esperando a vos.
CONTINUARÁ
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