jueves, 23 de abril de 2015

la trepadora; vol. 1

Hay una chica de quince años que no quiere ir al colegio. Le da miedo. Fobia. No se siente cómoda, sino desubicada. Definitivamente no quiere ir, pero no tiene excusa. Es invierno. Pleno Julio. Lo piensa un rato mientras se va despertando, decide cambiar los libros por una almohada. Cierra su mochila, y se pone el uniforme con más abrigo de lo usual. Se dispone a salir; saluda a su madre, abre la puerta, y se sube al ascensor. Pero no marca Planta Baja, sino el piso diez. Al llegar sube unas últimas escaleras, encuentra una puerta, y sale a la terraza del edificio. Allí se acuesta en el suelo de cemento, con su almohada. Se cierra la campera y se dispone a dormir. A las dos horas, aproximadamente, se despierta porque el encargado del edificio le estaba hablando. Se asusta y baja. Sale a la calle a dar vueltas y hacer tiempo. Tiene que aguantar hasta que sea el momento de volver a su casa. Esa vez, todo le sale relativamente bien. Así que repite la acción (o conducta), algunas veces más, pero modificada para evitar al encargado. En la terraza hay más escaleras. Hacia lo más alto. Un pequeño espacio, como una pequeña torre. Hay algunos cables y antenas; no hay rejas ni barandas. Sólo eso, y su suelo de cemento. Su idea es que el encargado no la encuentre. Y ahí nunca podría pasar. Está a salvo, con su almohada y su campera bien cerrada. Intenta dormir, pero cada tanto mira en el edificio de un banco, la hora y la temperatura. Sólo eso, y el cielo.
RG

los fumadores; vol. 1

Son tres los jóvenes que están encerrados, y no comparten un vínculo muy importante. Ni antiguo; ni fuerte. Pero se nota que es intenso. Todos los que habitan ese lugar son extraños. Se conocen transitoriamente y de casualidad. "Cuando los locos seamos más, los locos serán ellos." Dice uno. A los otros dos les parece muy cierto. Son dos hombres y una mujer. Simultáneamente, las enfermeras en su oficina charlan y ríen. De nuevo está ubicada en la esquina de la habitación, sus paredes de vidrio. Un puesto de vigilancia perfectamente diseñado. y un sector explícitamente No Fumadores. Ya es el momento previo a dormir. Su permiso es hasta las 23 hs. Después cada uno a su habitación. Se están conociendo. Distrayendo. Les dan muchas ganas de fumar y diseñan un plan. Con un vigía, una silla, y una lámpara de dicroica. Así cómo lo diseñaron, lo concluyeron. El más alto de los hombres, en esa silla, mantiene el cigarrillo apoyado en la luz. Prende. Se acercan a la ventana enrejada y expulsan el humo hacia afuera. Hacia el viento. Hacia la realidad. Ese cigarrillo que comparten los une. Lo disfrutan como a ninguno.
RG

martes, 21 de abril de 2015

los niños; vol 1.

Son tres los niños. De once, ocho y siete años. Visten uniforme escolar, un delantal azul y algo sucio. Son dos varones, el mayor y el menor. La otra es una nena. El primero tiene pelo negro y lacio. Brilla de limpio. La segunda es un poco rubia, ceniza digamos. De pelo opaco y ondulado; ojos verdes. El tercero, el más pequeño, tiene rulos. Cortos. Son castaños pero con algunos detalles rubios. Se nota más al sol. Cuando llegan a la plaza se destacan. Usan los juegos de manera diferente. Original. Al revés que los otros niños. Se meten en un universo suyo, muy de ellos y de nadie más. Por ejemplo: para subir al tobogán no usan las escaleras. Trepan por el costado, como monos. En el subi-baja hacen equilibrio parados en el medio de la tabla. Como si fuera de surf. Y así con todos los juegos. Lo más interesante es lo que hacen con las hamacas. Porque las hamacas cuelgan de lo alto, en especial para los niños. Lo que hace que el desafío sea más tentador. Se ve que buscan adrenalina. Trepan las haches de fierro; las que sostienen las cadenas de las hamacas. Trepan alto y lo ven todo desde arriba. Desde un caño en particular. Solitario. No muy grueso. Lo miran todo desde ahí. Tienen mejor perspectiva. Ven una imagen más general. Más amplia. Luego, hacen lo que llaman "colgarse como vampiros". Con las rodillas en el caño sostienen sus cuerpos que ya cuelgan de cabeza. Ríen. Se divierten. Ven todo al revés. Pero ya tienen que bajar. Es hora de ir a casa.
RG

elsa; vol. 1

Una joven ingresa al pabellón. No es muy grande el espacio. Tampoco tan chico. Hay diez camillas tipo hospital. Siete personas las ocupan. Ocho con la joven que entró nerviosa. Inhibida. Una de las tres enfermeras la guía. Las otras dos charlan en un puesto de vigilancia. Tiene un ventanal esquinero que permite observar toda la habitación. Es un lugar llamado Cuidados Especiales. La enfermera lleva a la nueva integrante al baño. La hace desnudar. El corpiño está prohibido. Porque tiene aros. Los cordones de las zapatillas tampoco se permiten. Y la joven tiene algunos piercings. Tampoco van. El último que se hizo es el del pezón. No quiere sacárselo. Teme que se cierre. No quiere perderlo ni volver a pasar por ese dolor. Pero lo hace. Se lo saca; es obligatorio. Esa misma noche la conoce a Elsa, alias, "el Yeti". Es alta como una amazona. De hombros anchos y pelo mitad blanco mitad negro. Despeinado, largo, ondulado, y electrizado. Camina como un zombie, con la mirada perdida, y paso constante pero lento. Como sonámbula. La novata, primeriza, dice sus primeras palabras al pedir su cepillo de dientes (confiscado) y pasta (ídem). Se dirige al baño, que no tiene espejo por cuestiones de seguridad, pero está ocupado. Elsa está adentro.
RG

marcela; vol. 1

Un pequeño grupo de gente diversa. Una mesa rectangular y blanca los une. Una mujer rubia tiembla y se mece. Frota sus manos en sus piernas como si tuviera frío. Hace calor. Su expresión transmite angustia, desesperación, y dolor. Sus arrugas y ojeras la hacen parecer mayor de lo que es. Aparenta cuarenta y cinco; y se sigue meciendo. Sigue frotándose las piernas. Su silla también tiembla. Hace ruido. Suena como un corazón acelerado. Está esperando a alguien.
RG

sábado, 11 de abril de 2015

algunos manuscritos cortos

8/2

Mundo de-mente

El arte me domina. Tomó el control de mi vida. No puedo contenerme; ni detenerlo. Tampoco quiero hacerlo. Lo necesito, tanto como él me necesita a mí. Como herramienta y como medio para SER.
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Se reunieron la multiartista y el poeta con delirios filosóficos. No podían dejar de hablar. Sus voces se entrelazaron; se transformaron en música de fondo. Los temas eran los clásicos. Arte, amor, los tiempos cambiantes, las relaciones humanas, etc. La cerveza no ayudó. Los rodeaba cierto humo combinado, y música nacional. Soñaban en voz alta y con los ojos bien abiertos. Cantaban canciones conocidas, pero era inevitable. Temas ya estudiados, pero innegables. Por algo nos reunimos; por eso nos elegimos. Nos preocupa lo mismo, pero cada uno descubre la verdad a su modo, y en su debido momento. Hay miles de proyectos flotantes. Millones de ideas. Planes. Todo invisible y en el aire. Típico de nosotros. Pero hay un tercero en discordia. Por supuesto. Es quién se se encarga de discutir. De evaluar la firmeza de dichas ideas y señalar la realidad del Hoy. Hagan; no sólo lo cuenten. Traspasen las palabras. Todos soñamos. Todos disfrutamos compartir nuestra realidad; en paz, y en confianza. Nos gusta conversar, teorizar, discutir, defender y expresar. Nuestra misión es unir nuestros sueños con la vida real. Fusionarlos. Hay gente que habla como si supiera, y otros que saben que no tienen la autoridad para afirmarlo. Hay que ser más humildes, dijo el tercero, admitir lo pequeños que somos a comparación con el mundo. Con la magnitud del universo. Y "la verdad" es igual de infinita.
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7/4

I want to cry, not because I'm depressed, but because I'm alive. 
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10/4

Hay algo en vos que me enciende. Ni la química ni la física lo podrían explicar.
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RG

martes, 7 de abril de 2015

perdón y gracias

Hay cierto recuerdo que no deja de molestarme. Uno de un error que cometí. De una buena oportunidad desperdiciada. Es inevitable que suceda, es inconsciente. Y pesa tanto como el arrepentimiento. Pido perdón, mil veces perdón. Perdón más allá de las palabras. Me avergüenzo de mi comportamiento. No era un buen momento para mí. No estaba en equilibrio. Actué como una loca. Lo sé, lo admito. Lo lamento. Y gracias. Un millón de veces gracias. Gracias por dejarme conocerte. Por compartirme tu vida, y aceptar mi amor. Por crear conmigo un hogar, y una familia propia. Nueva. Por intentarlo, e intentarlo otra vez. Fue así que aprendí de la experiencia. Aprendí lo que me enseñaste a propósito y también sin querer. No me permitiría cometer los mismos errores. No hay manera. Sobre mi cadáver. Ahora el pasado quedó en su lugar. Hace tiempo que cambiaron las cosas. Hoy vivimos otra vida. Porque nos renovamos constantemente. Renacemos. Creo que hicimos lo que teníamos que hacer. Pasó lo que tenía que pasar. Y tengo mucho más por decir, de lo que no debo decir. Por eso aquí termino. Finalmente; te pido perdón, y te doy las gracias.


-lo más difícil es y será perdonarme a mí misma-


RG