viernes, 25 de noviembre de 2016

el día de la mujer de la UVT

Me respondió lo siguiente: 

_ Ya no miento, por eso me contradigo menos y soy mas práctica. Sin dar tantas vueltas gano tiempo. No digo en voz alta todo lo que pasa por mi mente porque no es necesario. Pero si me preguntan, en pocas o en muchas palabras, respondo. Trato de hacer las cosas bien. Hablo en voz calma y serena, aún cuando estoy enojada. Y si tengo que elegir entre el silencio total y el grito desaforado, me quedo muda. No siempre el que calla, otorga. Creo que no tengo el derecho de imponer mi visión de las cosas a nadie. Cada uno tiene la suya. Puedo expresarme y comentar, o aconsejar si me lo piden. Pero soy consciente de que mi verdad no es más válida que la tuya. Ni mi vida más importante. Sólo es otra, como tantas. Con sus detalles. Por eso me manejo como lo hago. Sin juzgar a la gente tan pronto, sin intentar cambiarlos. Pienso que si la naturaleza de uno choca con la del otro, deberían tomar distancia. Así de simple. Que el mundo entero debería aprender a ser más paciente y tolerante. Hoy me imaginé una universidad de la vida en la tierra. La UVT, pública, gratuita y universal. El mismo material traducido a todos los idiomas; sería algo nuevo, básico pero no convencional. Estaría genial, porque el mundo está muy nervioso últimamente. Estresado, sensible y cansado. Hay demasiado drama, violencia física y agresión verbal. Mucha gente se alimenta de poder, que roba de los demás creyendo que eso los hará mejores personas. Sienten que exponiendo las debilidades de uno, ellos se hacen más fuertes. Más grandes. Y lo peor es que algunos lo logran. Entonces, hay que estar atentos. Todos los seres humanos somos particulares. Según mis cálculos: es el entorno en el que uno se crió, el contexto, lo que influye principalmente en nuestra personalidad. Pero tampoco eso nos justifica a generalizar tan fácilmente, e impunes. Por eso tengo cuidado al interactuar con el prójimo. Por eso tengo tanta empatía. Admito mi sensibilidad, la tuya y la de ellos, incluyo a los animales y a las plantas. A todas las clases sociales y culturas globales. Los respeto, aprendo de todos y les agradezco por eso. Pero aún no estoy terminada, definida. Tratemos de parar un poco con el tema de los rótulos, la gente cambia. Crece, madura, asimila y corrige. El día que se defina, va a ser el último que respire. Yo soy nada más que un ser humano, que vive los días que le tocan vivir, como mejor puedo. Voy estudiando mis curiosidades, investigando mis alrededores y ejercitando mis capacidades. Todavía me equivoco y creo que lo seguiré haciendo el resto de mi vida, pero ahora puedo reconocerlo y admitirlo. Sé pedir perdón, aunque a veces cueste hacerlo. Pero así es la vida, hoy. "Persevera y triunfarás" me decía mi mamá cuando yo era chica. Le creí. No soy ambiciosa y sé lo que quiero, no es imposible. Sólo tengo que esforzarme un poco más y organizarme. Ubiqué el rumbo, encontré el ritmo, ahora estoy estudiando el mapa para elegir la mejor ruta. Y si me preguntás "a qué te dedicás" vas a tener que ser más específico. Porque eso depende del día y del año. Hoy, por ejemplo, me dediqué a ésto; cuando volví de trabajar y después de bañarme.

Me quedé callado, boquiabierto. Creo que me había olvidado de pestañear. Mi cabeza iba a mil por hora, no supe por dónde empezar a responder. Ella terminó lo que quedaba en su vaso de un sólo trago, se limpió los labios con una servilleta de tela color bordó y se prendió un Phillip Morris. Me miró a los ojos como si intentara leer mi mente, o analizar mi reacción. Pero no podía terminar de asimilar toda la información que acababa de recibir. Me sentí chiquito, y algo ignorante. Empecé a pensar en todas esas cosas que ella dijo y no pude parar. Ahora ya estaba apagando el cigarrillo. Me sonrío y me saludó con un beso en la mejilla. Pero no fue uno de esos besos en los que apoyan el costado de su cara contra el costado de la tuya; pude sentir sus labios. Acomodó sus cosas en un abrir y cerrar de ojos, se paró, y antes de irse me pidió disculpas. A todo ésto yo no emití palabra, sólo esa primer y única pregunta.

¿ A QUÉ TE DEDICÁS ?

Nunca más la volví a ver. Nunca supe su nombre.
Y todavía me arrepiento de no haberle hablado toda la noche.
Conversado con ella, y compartido el desayuno de la mañana siguiente.

martes, 6 de septiembre de 2016

prólogo - generación v


Estaba escrito en letra cursiva inclinada hacia la derecha, con tinta azul de pluma, en la primera página de un libro polvoriento y abandonado. Una dedicatoria peculiar, creí; pero llamó mi atención. Tomé el libro y entró perfectamente en el bolsillo de mi campera. Afuera estaba lloviendo, hacía frío y había mucho viento. Estuvo así todo el día, y las zapatillas de tela que llevaba puestas permitieron que el agua traspase mis medias y llegue hasta mis pies. 

Cada suspiro generaba vapor, como humo, y me dieron ganas de fumar un cigarrillo durante la caminata hacia subte. Cuatro cuadras serían hasta Santa Fe, esquivando humanos, paraguas y charcos. Pan comido. Me puse mi boina especial para la lluvia, los auriculares, le puse play a Fever Dog de Stillwater, prendí el Phillip, y volví a enfrentarme a la tempestad.

Una vez en el subte, parada, surfeándolo, saqué el libro de mi bolsillo. La tapa y contratapa eran de un color rojizo gastado, y sucio. Tenían las puntas dobladas; y las hojas internas también. Sin información del autor por ninguna parte, ni una sinopsis, ni críticas. Tampoco tenía índice, ni siquiera el nombre o logo de alguna editorial. Sólo un título en la tapa, escrito con la tipografía clásica de máquina de escribir, en minúscula, y en color negro; que leía: generación v. 

Paró el subte, puse el libro en mi bolsillo y me tuve que bajar. Nunca paró de llover, pero ya me había mojado tanto que mojarme más era imposible. Crucé la plaza de Facultad de Medicina y caminé tres cuadras hasta mi casa. Llegué; me saqué la ropa empapada, me puse el pijama antes de lo usual, llené la pava y la puse en el fuego. Elegí las pantuflas de lana hechas por mi madre, preparé el mate, puse el agua en el termo, y me senté en el escritorio. Me puse los anteojos y empecé a investigar el libro.

Me cebé un buen mate y me prendí otro cigarrillo. Un gato aprovechó la situación y se sentó en mis piernas. Le bajé el volumen a Animal Planet, pero no lo apagué porque el otro gato estaba mirando desde la cama. Abrí el libro y hojeé sus páginas, eran color ocre de lo antiguo y algo frágiles. Recuerdo que me encantó el olor que salió de él, junto al sonido de la lluvia, y la sensación del ronroneo del gato. 

Disfruté el momento por más corto que fue, por lo único que fue. Especial, e irrepetible. Volví a pasar las páginas rápidamente, como si barajara un mazo de cartas o abriera un ejército de abanicos; para volver a sentir ese olor. Para grabar la situación entera en mi memoria. Noté que estaba dividido en capítulos con titulares misteriosos, o poéticos, o metafóricos. Como por ejemplo: LOS DESCENDIENTES, VERDADEROS INMORTALES, EFECTOS SECUNDARIOS, HUMANIZACIÓN ELEMENTAL, ASESINOS OPCIONALES; entre otros.

Escuché el ruido de las llaves en la cerradura, entró mi mujer y cerré el libro; me saqué los lentes y le di un buen beso. Nos pusimos a cocinar unos fideos, con una salsa a la crema y mucho queso de rallar; y en equipo, comimos, levantamos la mesa, lavamos los platos y barrimos. Después conversamos. Sentadas en la mesa, fumando un cigarrillo cada una, nos contamos de nuestro día, y hablamos de alguna que otra cuestión existencial. Típico nuestro. Por una razón que aún no puedo explicar, no le mencioné el libro.




Rosario Grasset

lunes, 15 de agosto de 2016

solo existo

Estás buscando algo y se corta la luz. Se hace silencio en el mundo; por un momento, desaparecen las cosas y las casas. Estirás los brazos y no tocás nada. Querés hablar, o llorar, pero no tenés voz. No sabés si estás adentro o afuera, despierto o dormido, cuerdo o demente. Sólo, flotando, en el líquido amniótico de un útero, o en la inmensidad del universo. Tus sentidos te abandonan, uno por uno. Lo único que prevalece son tus pensamientos; un diálogo interno, tácito, y surrealista.

Rosario Grasset.

miércoles, 6 de julio de 2016

fragmentos


Hola. Te saludo porque no te conozco, pero me gustaría. Sos interesante, único, inigualable. Me gustaría llevarte a pasear a lugares que no conocías, y contarte historias que nadie te contó. Así que: hola.

ES NECESARIO, A VECES, CAMBIAR LA PERSPECTIVA CON RESPECTO A NOSOTROS MISMOS. MIRÁNDONOS MÁS ALLÁ DEL ESPEJO; HACIA ADENTRO, A LA RAÍZ. ES LO QUE NOS HACE ESTAR VIVOS, Y NO ES EL CORAZÓN. ES NATURAL, ÚNICO E IMPRESCINDIBLE; ENCERRADO Y ESCONDIDO TRAS TODO LO DEMÁS. SIN EMBARGO, ES LO MÁS IMPORTANTE. PORQUE LO MEJOR QUE TIENE LA HUMANIDAD ESTÁ EN LOS DETALLES ORIGINALES DE CADA UNO. LOS QUE SE COMPARTEN, Y SE INMORTALIZAN EN LA MEMORIA DE UNO, DE DOS, O DE MÁS.

domingo, 26 de junio de 2016

No la buscó.
No eligió amarla.
No tenía mucho para darle.
No supo complacerla.
No aguantó las ganas.
No controló sus impulsos.
No dominó sus emociones.
No respetó las barreras.
No vio los obstáculos.
No escuchó los consejos.
No cuestionó sus sentimientos.
No discutió sus dudas.
No mostró su dolor.
No disimuló su pasión.
No ocultó su locura.
No negó sus errores.
No defendió su postura.
No forzó la relación.
No lloró lo que sintió.
No se pudo despedir.

jueves, 12 de mayo de 2016

el espejo

Una mujer entra al baño, prende la luz, y se empapa la cara con agua fría. Se la enjuaga por unos segundos, casi sumergiéndose, y se mira al espejo. Espera ver su cara de dormida, clásica, hinchada, pero hoy no está. Hoy la mira otra mujer, y así el espejo se transforma en una ventana. Ambas están en el baño, despeinadas, y recién despiertas. Ambas se preguntan si están soñando. Quieren decir algo; sus labios se mueven al mismo tiempo pero no se entienden las palabras. Es como si intentaran hablar debajo del agua. Siguen mirándose a los ojos. Ya no hay nada más que decir. Intentan tocarse las manos, las yemas de los dedos, se mueven despacio; pero el vidrio las separa, no pueden sentirse. Deciden lavarse los dientes: Dudan, agarran el cepillo y la pasta, se miran, ponen la pasta en el cepillo, se miran, meten el cepillo en sus bocas, gesticulan con el ceño; espuma, cepillada, más espuma, y se enjuagan la boca dos veces cada una. Ambas suspiran al terminar, y se secan la boca con el brazo en vez de la toalla. Vuelven a mirarse, cierran fuerte los ojos, y al abrirlos vuelven a ver a la otra. Lo hacen otra vez; se enjuagan la cara con agua fría, mucha agua fría, y una vez más miran al espejo, transformado ahora en una especie de ventana debajo del agua. No entienden. Hacen el mismo gesto; y mantienen la mirada unos segundos más antes de volver a ser una. Sale del baño a poner la pava para empezar el día. Cuando cae la noche, la mujer entra a su habitación. Se desnuda prenda a prenda dejando sólo su bombacha. Se mete en la cama, se tapa hasta los hombros, y justo antes de dormir piensa en esa mujer que vio en la ventana del baño. Ella no lo sabe aún, pero mañana sucederá otra vez.