miércoles, 15 de febrero de 2017

proyecto metamorfosis

Entré a su departamento sin tener idea a dónde estaba entrando. Fue como entrar a otra dimensión. Se sintió el cambio de atmósfera. Me impactó la diferencia, y no era por cuestiones de decoración sino más bien de aire. Admito que me gustó la sensación, me sentí a salvo de los males del mundo. Libre, en un espacio aparte. 

Era un lugar luminoso pero tenue, cálido y fresco a la vez. Olía a tabaco, palo santo y perfume para ropa. Cada paso que di ese día, a partir de que me abrió la puerta, resultó ser inolvidable. Me dijo que la siga y me guió, presentándome cada área de su hogar mientras yo la seguía detrás. Asintiendo y sonriendo como un tonto. 

Me llevó tan rápido que por un momento perdí el equilibrio. Dudé de mi mismo. Pensé que el aire que estaba respirando me estaba drogando. No entendía. Estaba muy relajado, sin embargo sentía todo muy intensamente. Mucho más de lo habitual. Estaba feliz, pero no sabía el por qué. Recién conocía a esa mujer, de hecho, no recordaba su nombre. 

Me agarró la mano, abrió y cerró un par de puertas que vi al pasar, y me llevó a un balcón. Cuando cerró esa última puerta me soltó la mano, me miró a los ojos y sonrió. Yo todavía no había dicho una sola palabra. Había un pequeño parlante en la baranda. Era blanco, con un poco de negro y un poco de azul. Ella lo miró, después a su celular, y empezó a sonar.

No puso música como lo haría una persona normal, puso el sonido de la lluvia mientras nosotros estábamos bajo el sol. Estaba atardeciendo, había un leve viento refrescante y el cielo estaba un poco rosa. Prendió un sahumerio que estaba esperándonos ahí desde antes que lleguemos, y me dijo que respire profundo. Volvió a entrar al departamento.

Estaba un poco frustrado conmigo mismo por no haber hablado, pero miré el reloj y me di cuenta que no habían pasado ni cinco minutos. El tiempo estaba acelerado, pensé. O tal vez era yo, dudé. Seguí su consejo y respiré profundo, tres veces y con los ojos cerrados. Esa parte la improvisé yo. Quería dejar de pensar y empezar a sentir. La situación ameritaba.

Abrí los ojos, después de esa tercera exhalación, y vi las cosas desde un nuevo punto de vista. Me di cuenta dónde estaba parado; y también que lo que estaba viviendo, en ese entonces, era mi presente. Me ubiqué en tiempo y espacio y así conocí la armonía. Por primera vez sentí esa paz de creer que estás dónde debés estar.

Estaba sonriendo cuando ella volvió con dos copas y una botella de vino tinto. Me dio una y sirvió ambas, nos apoyamos en la baranda y suspiramos al mismo tiempo. La vi llevarse la copa a los labios en cámara lenta, noté que olfateó antes del primer trago. Hice lo mismo, y juro que todavía puedo sentir el sabor. Ella se prendó un cigarrillo, me miró, la miré y le dije: hola.

_ Hola.
_ Gracias.
_ ¿Por qué?
_ Por traerme acá.
_ Yo no te traje. Vos viniste.
_ Por invitarme, entonces.
_ No hay de qué. Bienvenido al proyecto.
_ Estaba buscando mi lugar en el mundo.
_ Y nosotros te estábamos esperando a vos.

CONTINUARÁ

No hay comentarios:

Publicar un comentario