Están en la pileta. Son algunos de muchos hermanos. Se ven bronceados y felices. El cielo despejado; y el sol, intenso. Suena Bob Marley y diferentes tipos pájaros. Sentado en una reposera, el tercer hijo se tatúa a sí mismo. Viste un short blanco, deportivo, y mojado; nada más. Está en el quincho, con el cable del enchufe estirado así puede estar afuera. Al aire libre. Ya se hizo varios en la pierna derecha, y nunca tatuó a otra persona aún. Es hora. Su hermana mayor es la primera en ofrecerse de voluntaria. Está especialmente rubia, y su pelo ondulado y húmedo. Pronto es ella quién está en la reposera. La tatúa en una hora. En la espalda, a la altura de la cintura, las dos efes de un violín. La menor, la cuarta, sale del agua justo a tiempo. También quiere uno. Tiene el pelo igual a su hermana, sólo que un poco más castaño. Está en bikini, y miles de gotas recorren su piel. "¿Qué te hago?". Le pregunta él. "No sé..." Le responde. "¿Unos pecesitos?". "¡Dale!" Con un lápiz violeta le dibuja el tatuaje a mano alzada. Su turno en la reposera. Es la segunda persona a quién tatúa. Y esos dos peces en la parte alta de su muslo, le graban el recuerdo. Un día ideal por su naturaleza. Su clima. Un lugar mágico; y un momento divertido, inmortalizado.
RG
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