La realidad es que existe gente que te desea el mal aunque vos los trates bien. Aunque te dirijas a ellos con respeto y hagas el mayor esfuerzo por mantener la paz. Intentás complacerlos para evitar problemas, y te mantenés lo más alejado posible. Pero cuando éstas personas están en una posición de poder y vos no, la situación se hace más difícil de soportar. El ambiente se pone turbio, denso. Y él, o ella, logra incomodarte cada vez que se acerca. Es como un don que tienen algunos, y un punto débil que tenemos los otros. Es su porte cuando camina, esa superioridad; su expresión facial y el tono de su voz. Se nota que no hay ni un gramo de cariño o afinidad en su trato con uno. Incluso pareciera que no tiene empatía. A veces, ni siquiera respeto. En esos momentos lo peor que podemos hacer es actuar como ellos, por más que nos explote el corazón en el pecho, por más que nos hierva la sangre. Imitarlos no es la manera, y ya sé que suena obvio pero a veces no es tan así. Tan claro. Hay que respirar profundo, y contar hasta mil si es necesario. No podemos ser hipócritas en éstas situaciones porque no se entendería el mensaje. Nosotros somos buenos, ayudamos. No tratamos mal a nadie, casi nunca, y no merecemos ésto tampoco. Seamos mejores, intentemos dar el ejemplo. Porque sino caemos en el círculo vicioso. La mala vibra se puede contagiar, estén atentos; sean fuertes.
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