sábado, 17 de junio de 2017

la chica de las naranjas

Apareció en mi vida por medio del arte. Vino a mi casa a buscar un poco del mío y yo la invité a crear un poco más. A jugar, probar, inventar algo nuevo. Yo no la conocía y no tenía por qué hacerlo, pero la red virtual nos conectó y ahí estaba ella con su cámara y su mirada penetrante. Era joven, bastante, recién empezaba los veinte. No tenía mucha experiencia de vida pero sí curiosidad. Quiso saber todo en un instante, incluso me entrevistó. Recuerdo que había cierta picardía en su mirada, como si supiera algo que yo todavía no. 


Reconocí algo en ella que también está en mí. Fue una situación inusual porque no suelo dejar entrar a cualquiera, y no hablo de entrar a mi casa sino de entrar a mi vida. A mi pura realidad sin filtros, ni maquillaje, ni disfraz. De alguna manera ganó mi confianza y la mantuvo viva todo éste tiempo. Más allá de eso, ahora también tiene mi admiración. Es muy talentosa y aún tiene un inmenso potencial por descubrir. Su estilo es cien por ciento original, casi vanguardista, o alucinógeno. Nadie más que ella podría hacerlo como ella lo hace. 




En éstos últimos años demostró que es un personaje importante de mi historia. Descubrí que es una persona peculiar; interesante, sensible, inteligente y divertida. Que su mirada abarca una visión única del mundo, casi como la de un niño. Pero con cierta inocencia que intenta disimular. Creció mucho en poco tiempo, soy testigo. Aprendí sobre ella. Es una mujer capaz de mezclar la realidad con la magia, con sus fotos, mucha imaginación, un pincel y algunos colores. Eso me encanta, y disfruto ver el mundo desde su punto de vista.

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