martes, 21 de abril de 2015

los niños; vol 1.

Son tres los niños. De once, ocho y siete años. Visten uniforme escolar, un delantal azul y algo sucio. Son dos varones, el mayor y el menor. La otra es una nena. El primero tiene pelo negro y lacio. Brilla de limpio. La segunda es un poco rubia, ceniza digamos. De pelo opaco y ondulado; ojos verdes. El tercero, el más pequeño, tiene rulos. Cortos. Son castaños pero con algunos detalles rubios. Se nota más al sol. Cuando llegan a la plaza se destacan. Usan los juegos de manera diferente. Original. Al revés que los otros niños. Se meten en un universo suyo, muy de ellos y de nadie más. Por ejemplo: para subir al tobogán no usan las escaleras. Trepan por el costado, como monos. En el subi-baja hacen equilibrio parados en el medio de la tabla. Como si fuera de surf. Y así con todos los juegos. Lo más interesante es lo que hacen con las hamacas. Porque las hamacas cuelgan de lo alto, en especial para los niños. Lo que hace que el desafío sea más tentador. Se ve que buscan adrenalina. Trepan las haches de fierro; las que sostienen las cadenas de las hamacas. Trepan alto y lo ven todo desde arriba. Desde un caño en particular. Solitario. No muy grueso. Lo miran todo desde ahí. Tienen mejor perspectiva. Ven una imagen más general. Más amplia. Luego, hacen lo que llaman "colgarse como vampiros". Con las rodillas en el caño sostienen sus cuerpos que ya cuelgan de cabeza. Ríen. Se divierten. Ven todo al revés. Pero ya tienen que bajar. Es hora de ir a casa.
RG

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